Reflexiones metafísicas

Lo que es bueno para uno puede ser malo para otro

Comprende por qué los alimentos, las bebidas y las prácticas producen efectos diferentes y cómo la autopercepción guía decisiones más conscientes.

Prof. Tibério Z

Por Prof. Tibério Z

Video original en portugués. El artículo está disponible en español.

Todo lo que introducimos en el cuerpo interfiere con nuestra frecuencia vibracional. No solo ingerimos agua, alimentos o bebidas en su composición física. También recibimos la frecuencia, el chi o prana presente en lo que consumimos y que pasa a formar parte de nuestro sistema.

Esto no significa que exista una lista universal de cosas buenas y malas. Una práctica que ayuda a una persona puede no producir el mismo resultado en otra. Cada organismo reacciona a su manera y debemos observar estas respuestas antes de transformar una experiencia personal en una regla para todos.

El trabajo es conocernos a nosotros mismos. Cuando prestamos atención a lo que sucede después de cada comida, bebida, actividad o cambio de rutina, descubrimos qué nos equilibra y qué reduce nuestra frecuencia, haciendo más conscientes nuestras elecciones.

No solo ingerimos materia

Cuando bebemos agua, nuestro cuerpo físico recibe H2O. Ésta es la dimensión material de lo que estamos ingiriendo. Sin embargo, junto a este material también recibimos una frecuencia vibracional que participa en el estado general de nuestro organismo.

Lo mismo ocurre con la comida y el aire que respiramos. Todo lo que ingresa al organismo lleva chi, prana e información vibratoria capaz de participar en lo que sucede en nuestro sistema y modificar el equilibrio que presentábamos antes de esa experiencia.

Cada frecuencia recibida modifica, en cierta medida, nuestra propia frecuencia. Algunas cosas ayudan a crear equilibrio y bienestar. Otras pueden reducir nuestra disposición, cambiar nuestro estado y requerir más trabajo de recuperación.

Cada elección modifica nuestra frecuencia vibracional

Tenemos libre albedrío para elegir lo que ponemos dentro de nosotros. Podemos consumir cosas que ayuden a nuestra frecuencia vibracional o elegir cosas que sabemos que nos desequilibran, reducen nuestra energía y producen consecuencias que ya conocemos.

Esta percepción no necesita ir acompañada de juicio. No existe una persona completamente pura entre miles de millones de seres humanos. En algún momento, todos entraremos en contacto con frecuencias más bajas y tomaremos decisiones que no producirán el mejor resultado posible.

La propuesta no es construir una pureza imposible, sino desarrollar conciencia. Cuando sabemos cómo algo actúa sobre nosotros, podemos decidir si queremos recibirlo y aceptar las consecuencias de esa elección sin convertir nuestra experiencia en una condena de otras personas.

Equilibrar la frecuencia es como mantener los platos girando

El equilibrio vibratorio no es un estado fijo que se alcance definitivamente. Es más bien el trabajo de mantener girando los platos chinos. Necesitamos observar cada plato y actuar cada vez que uno de ellos empiece a perder movimiento y amenace con caerse.

Este cuidado ocurre todos los días. En cierto momento, notamos que nuestra frecuencia bajó. Luego utilizamos un instrumento personal para recuperar el equilibrio y evitar que el movimiento continúe hacia abajo o se convierta en un estado prolongado de malestar.

No existe una práctica única que pueda funcionar para todos. Cada persona necesita reconocer sus propios instrumentos y aprender cuándo utilizarlos. Lo que equilibra un organismo puede resultar indiferente o incluso desagradable para otro.

Correr es bueno para Tibério, no necesariamente para todos

Uno de los instrumentos que más ayuda a Tibério a equilibrar su frecuencia es la carrera. Correr produce bienestar, reorganiza su estado y le ofrece una forma personal de recuperar el equilibrio cuando nota un cambio en su frecuencia vibracional.

Esto no quiere decir que correr vaya a ser bueno para todos por igual. La experiencia de Tibério revela lo que le funciona, después de muchos años de observar sus propias reacciones, sus límites y los resultados que produce esta actividad.

Durante la vida, debemos comprender qué prácticas nos ayudan y cuáles nos perjudican. Esta comprensión no aparece sólo a través de teorías. Surge de la repetición, observación y comparación entre diferentes experiencias.

El alcohol tiene efectos diferentes en cada persona

Para Tibério, el alcohol es extremadamente dañino. Cada vez que bebía, notaba que se sentía mal durante dos, tres o incluso cuatro días. Incluso una pequeña cantidad podría producir un período prolongado de desequilibrio y reducir su frecuencia vibracional.

Durante algún tiempo siguió insistiendo. Probaba una copa de vino u otra bebida y luego observaba nuevamente el mismo resultado. La repetición demostró que el efecto no fue ocasional y que esa elección produjo consecuencias similares en diferentes momentos.

En cierto momento fue necesario tomar una decisión. Si el objetivo era mejorar y el alcohol reducía su frecuencia, dejar de beber se convirtió en una decisión coherente con lo que había observado en su propio cuerpo.

Otra persona podría beber una copa de vino y no experimentar el mismo efecto. La reacción de Tibério no puede transformarse en una regla universal, así como la experiencia de otra persona no invalida lo que él percibió en sí mismo.

No hay alimento que sea igual de malo para todos

Ayurveda presenta una comprensión interesante porque no trata todos los alimentos como universalmente malos. Cada cuerpo es diferente, y lo que favorece a una persona puede no funcionar de la misma manera para otra o producir una respuesta completamente diferente.

Comer sandía puede resultar placentero y beneficioso para alguien, mientras que otra persona nota una reacción diferente. La comida sigue siendo la misma, pero los organismos que la reciben no son los mismos y no necesitan producir resultados idénticos.

Por tanto, las listas rígidas no reemplazan la autopercepción. Una pauta general puede ofrecer referencias, pero aún falta observar cómo reacciona nuestro propio sistema ante lo que consumimos y reconocer las diferencias que existen entre los seres.

Conócete a ti mismo

La frase de Sócrates, conócete a ti mismo, también se aplica al cuerpo y a la frecuencia vibracional. El trabajo no se trata sólo de comprender pensamientos y emociones, sino de comprender cómo funcionamos ante las experiencias más comunes de nuestra rutina.

Necesitamos preguntarnos qué es bueno para nosotros y qué es malo para nosotros. Esta respuesta no debe repetirse sólo porque alguien haya afirmado que un determinado alimento, bebida o hábito es bueno para todos y debe formar parte de cualquier rutina.

El autoconocimiento requiere una observación continua. Al notar nuestras respuestas, comenzamos a construir un mapa personal de lo que aumenta nuestra disposición, mantiene nuestro equilibrio o produce algún tipo de caída en nuestra frecuencia.

Mindfulness revela cómo actúa cada cosa sobre nosotros

La atención plena ayuda en este proceso porque dirige la conciencia a lo que sucede después de cada elección. Después de comer carne, podemos observar cómo reacciona el organismo. Después de comer verduras o calabacines, hacemos la misma observación sin anticipar una conclusión.

No necesitamos empezar juzgando la experiencia. Primero percibimos las sensaciones, la disposición, el estado mental y los cambios que aparecen. Con el tiempo, los patrones se vuelven más claros y podemos reconocer lo que sucede repetidamente.

Esta observación nos permite comprender cómo funcionamos. En lugar de depender únicamente de reglas externas, reconocemos el efecto real producido por cada elección en nuestro propio sistema y acumulamos conocimiento sobre nuestras respuestas personales.

Una elección consciente incluye sus consecuencias

Saber que algo es malo para nosotros no significa que no podamos volver a elegirlo nunca más. En determinadas situaciones, podemos decidir conscientemente vivir esa experiencia y aceptar el resultado que producirá, sabiendo de antemano lo que podría pasar.

Tibério sabe que beber reduce su frecuencia y puede hacerlo sentir mal. Si está pasando un rato agradable con amigos y decide tomar una cerveza o una copa de vino, ya conoce las posibles consecuencias de esa elección.

La diferencia está en la conciencia. No se sorprenderá del efecto ni pretenderá ignorar su propia reacción. Si está dispuesto a pagar el precio de esa decisión, asumirá conscientemente lo que eligió vivir.

No debemos imponer nuestras respuestas a los demás

Cuando descubrimos algo que nos funciona, existe la tentación de convertirlo en una regla. Si correr nos ayuda, decimos que todos deberían correr. Si un alimento nos perjudica, concluimos que nadie debería consumirlo.

Esta imposición ignora que cada ser es un universo personal. El organismo, la rutina y las reacciones de una persona no son idénticos a los de otra. Una experiencia individual ofrece conocimiento sobre quienes la vivieron, no una ley para toda la humanidad.

Podemos compartir lo que percibimos sin exigir que el otro obtenga el mismo resultado. Cada persona necesita construir su propio conocimiento a través de la atención, la experiencia y la observación de los efectos producidos en su organismo.

Cada persona tiene su propio ritmo

Algunas personas funcionan mejor por la mañana. Otras tienen más energía por la noche o por la tarde. No existe un horario único capaz de representar el funcionamiento ideal de todos los seres y de todas las rutinas.

Las reglas de conducta rígidas ignoran estas diferencias. Cuando alguien afirma que sólo existe una forma correcta de dormir, trabajar, comer o realizar una actividad, transforma una posibilidad personal en una obligación universal.

Cada uno es cada uno. Ciertos alimentos pueden resultar muy perjudiciales para una persona y no tener el mismo efecto en otra. Una práctica puede equilibrar a alguien y hacer que otra persona se sienta incómoda.

La autopercepción es un trabajo para toda la vida

Descubrir lo que es bueno para nosotros no ocurre en una sola observación. Necesitamos monitorear nuestras reacciones a lo largo del tiempo, reconocer las repeticiones y darnos cuenta de cómo cada elección participa en nuestro estado vibratorio y nuestra disposición diaria.

Mientras vivimos, encontramos cosas que nos ayudan y otras que nos derriban. Esta comprensión forma un conocimiento personal que no puede ser reemplazado completamente por reglas externas o la experiencia de otra persona.

El objetivo no es alcanzar una pureza imposible ni juzgar las elecciones de los demás. El trabajo consiste en permanecer conscientes, equilibrar nuestros propios platos y elegir lo que tiene sentido para nuestro organismo y nuestra frecuencia.

Preguntas frecuentes

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Prof. Tibério Z

Sobre el autor

El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.