Reflexiones metafísicas
¿Eres bueno por conciencia o por miedo al infierno?
Comprende la diferencia entre actuar por conciencia y obedecer por miedo al infierno, además del papel de las religiones en el control de los instintos.
Por Prof. Tibério Z
Video original en portugués. El artículo está disponible en español.
Hay una profunda diferencia entre no hacer el mal porque tenemos miedo al castigo y no hacer el mal porque entendemos que está mal. El miedo al infierno puede impedir que una persona mate, robe o dañe a alguien, pero esto no significa que su conciencia haya comprendido el valor de esa elección.
En este artículo entenderemos por qué las religiones siguen desempeñando un papel importante, cómo ayudan a controlar los instintos más básicos y qué cambia cuando la conciencia comienza a captar una mayor frecuencia de lo Divino. También veremos cómo identificar si una acción nace de la ética o simplemente del deseo de parecer buenas personas.
Continúa leyendo para reflexionar sobre lo que realmente guía tus decisiones. Cuando se desarrolla la conciencia, dejamos de depender únicamente de la amenaza de castigo y comenzamos a actuar de acuerdo con lo que no nos gustaría que nos hicieran.
El cielo y el infierno están aquí
El cielo y el infierno están aquí o en el mental inferior. No están en ningún lugar muy lejano. La figura del diablo y la idea de castigo fueron utilizadas por las religiones para representar las consecuencias de las elecciones humanas y crear un límite a determinadas conductas.
Este límite sigue siendo necesario porque una parte de la humanidad sigue guiada por los instintos más básicos. Cuando una persona no comprende por qué no debería dañar a alguien, el miedo al castigo puede impedirle convertir un impulso en acción.
Por lo tanto, antes de simplemente criticar a las religiones, debemos comprender la función que aún cumplen. La amenaza del infierno no representa el nivel más alto de la conciencia, pero puede actuar como un primer freno para aquellos que aún no han desarrollado una comprensión ética interna.
Por qué las religiones siguen siendo importantes
¿Cómo podemos controlar a un gran número de personas que todavía se dejan llevar únicamente por sus instintos? Sin la idea del castigo, muchas de ellas todavía estarían matándose unos a otros en las calles. La religión surgió como una institución capaz de contener parte de estos impulsos.
Cuando una persona todavía actúa movida por la ira, la destrucción, el odio o la envidia, simplemente explicarle que matar está mal puede no ser suficiente. Necesita creer que le espera una consecuencia mayor. En ese momento, la ley religiosa crea un límite que su propia conciencia aún no puede establecer.
Esto no significa que el miedo sea la forma más elevada de ética. Simplemente significa que funciona. Mientras la conciencia no pueda guiar a la persona desde adentro, alguna regla necesita guiarla desde afuera.
La Tierra reúne diferentes conciencias
El gran problema en el planeta Tierra es que hay consciencias muy diferentes viviendo en un mismo lugar. En otro tipo de planetas, hay un filtro mayor, con seres que tienen cuerpos dimensionales más alineados y capaces de captar un paquete mayor de conciencia divina.
Sin profundizar demasiado en el tema de los extraterrestres, podemos utilizar el ejemplo de los arcturianos. Tienen cuerpo físico, cuerpo etérico, cuerpo mental inferior y cuerpo mental superior con un desarrollo que permite una mayor expansión de la conciencia divina.
En la raza humana, sin embargo, encontramos infinitas combinaciones. Algunas personas tienen cuerpos dimensionales más desarrollados y son capaces de captar una mayor frecuencia de lo Divino. Otras solo captan una parte muy pequeña de esta señal y continúan reaccionando principalmente por instinto.
Es esta mezcla la que causa gran parte de la confusión humana. Las personas con diferentes niveles de captación de la conciencia divina necesitan vivir juntas, seguir las mismas leyes y compartir los mismos espacios, incluso cuando sus comprensiones del bien y del mal sean completamente diferentes.
Todos son divinos, pero la captación no es igual
Todos los seres son divinos. La diferencia radica en la capacidad que tiene cada conjunto de cuerpos dimensionales de captar y manifestar esta divinidad. En algunas personas la señal llega con mayor claridad. En otras, todavía se capta de forma muy limitada.
Cuando esta captación es pequeña, el cuerpo físico sigue girando en torno a los instintos. La ira, la destrucción, el odio y la envidia dominan el comportamiento. La persona reacciona casi como un animal, siguiendo el impulso inmediato sin comprender del todo las consecuencias de lo que hace.
Al mismo tiempo, encontramos personas con un cuerpo astral y un cuerpo mental inferior un poco más desarrollados. Entre un extremo y el otro existen innumerables combinaciones. Por tanto, no podemos esperar que todas las personas actúen desde el mismo grado de conciencia.
Para aquellos que todavía no pueden captar un paquete más grande de información divina, son necesarios frenos externos. La religión es uno de ellos. La ley humana es otro. Estos límites ayudan a contener conductas que la propia conciencia aún no ha aprendido a controlar.
El miedo al castigo actúa como freno
La religión dice: "Si matas, irás al infierno". Y funciona. Durante muchos años, esta idea impidió a las personas realizar actos que sus propios instintos les llevaban a desear.
Podemos volver a la imagen de la prehistoria. Una persona quería matar a la otra con un garrote. Entonces alguien dijo: “No puedes matar a tu amiguito con el garrote, si no, te irás al infierno”. Quienes creían en el castigo al menos dejaron de matar.
Mucha gente todavía quiere matar, pero no lo hace porque cree que será castigada. Otros no roban porque temen el castigo de Dios. Es mejor que sigan creyendo esto mientras su conciencia aún no pueda mostrarles por qué estas acciones están mal.
El miedo, en este caso, no transforma inmediatamente la conciencia, pero impide que el instinto se convierta en acción. Crea una barrera externa mientras la persona aún no tiene un límite interno.
La conciencia no necesita la amenaza del infierno
A medida que se desarrolla la conciencia, los cuerpos dimensionales se equilibran y aumenta la captación de lo divino. Llega un momento en que una persona ya no necesita que alguien le diga que matar está mal. Ella misma lo entiende.
No necesito una amenaza del infierno para saber que matar está mal. Tampoco necesito creer que Dios me castigará para entender que no debo robar. No hago estas cosas porque son incorrectas, y punto.
Ésta es la diferencia entre una conducta controlada por el miedo y una acción guiada por la conciencia. En el primer caso, la persona evita el mal para escapar del castigo. En el segundo, ella no quiere hacerlo porque ya comprende lo que su acción provocaría en el otro.
La religión sigue siendo necesaria mientras una parte de la humanidad dependa de este freno. Sin embargo, desarrollar la conciencia nos lleva más allá del miedo y nos permite elegir lo correcto sin esperar recompensa ni temer el castigo.
¿Devuelves el cambio por ética o para sentirte bien?
Kant planteó una cuestión importante. Si vamos a la panadería, nos dan más cambio del que deberíamos y lo devolvemos, ¿por qué hacemos eso? ¿Lo devolvemos porque entendemos que está mal conservar lo que es de otra persona o porque queremos sentirnos buenas personas?
En ambas situaciones se devuelve el dinero. Desde fuera, la acción parece exactamente la misma. Sin embargo, la motivación revela diferentes niveles de conciencia.
Cuando devolvemos el dinero solo para construir una imagen positiva de nosotros mismos, todavía estamos buscando una recompensa. Queremos sentirnos orgullosos y confirmar que somos buenos. Cuando lo devolvemos porque reconocemos que el dinero no nos pertenece, actuamos de forma ética.
Se puede hacer la misma pregunta sobre el miedo al infierno. Una persona que no roba sólo porque teme el castigo todavía quiere robar, pero ha sido contenida. Una persona que entiende de ética no roba porque sabe que tomar lo que pertenece a otro está mal.
La regla enseñada por Jesús vincula la ética con lo Divino
Jesús explicó este principio hace dos mil años, pero pocas personas lo entendieron: no hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti. Esta regla crea un vínculo directo entre nuestras elecciones y la conciencia divina.
¿Me gustaría que alguien me robara? No. Entonces, ¿por qué iba a robarle a otra persona? ¿Querría que alguien me hiciera daño o me engañara? No. Entonces, ¿por qué le haría esto a otros?
Cuando hacemos estas preguntas con sinceridad, no necesitamos la amenaza del infierno para elegir. Reconocemos al otro, entendemos el resultado de nuestra acción y entendemos por qué determinada conducta es incorrecta.
Si todo el mundo hubiera llegado ya a este entendimiento, no necesitaríamos tribunales ni amenazas religiosas. Sin embargo, mientras muchas personas sigan basándose únicamente en los instintos más básicos, la ley humana y la ley religiosa seguirán siendo necesarias. La conciencia es el destino, pero el freno externo sigue siendo necesario en el camino.
Preguntas frecuentes sobre la conciencia y el miedo al infierno
El cielo y el infierno están aquí o en el mental inferior. No es necesario entenderlos como lugares lejanos para que la idea de consecuencia ejerza su función sobre el comportamiento humano.
Las religiones ayudan a controlar a las personas que todavía se guían por los instintos más básicos. El miedo al castigo crea un límite externo cuando la conciencia misma aún no puede establecer ese límite.
El miedo puede impedir que una persona haga el mal, pero eso no significa que su conciencia ya comprenda por qué esa acción es incorrecta. La bondad consciente no depende únicamente de la amenaza o el castigo.
Necesitamos vigilar nuestra motivación. Podemos actuar porque entendemos que no debemos dañar a los demás o simplemente porque queremos una recompensa, tememos un castigo o queremos sentirnos una buena persona.
No debemos hacer a los demás lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. Esta pregunta nos ayuda a comprender las consecuencias de nuestras elecciones sin depender únicamente de una prohibición externa.
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Sobre el autor
El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.